Buscando sensatez en la evaluación

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José Luis Castillo en EvaluAcción

Yo no soy especial. Lo que se me ocurre a mí se le ocurre a cualquiera. Así que quizá esto también te ha pasado a ti. O te está pasando. Y es que un día, hace ya tiempo (unos 15 años) me pregunté:

  • si trabajando mucho, haciéndolo lo mejor que sé (y decían que lo hacía bien), el alumnado recuerda un año después el 10% de lo que dimos, con suerte…
  • si les interesa más lo que ocurre fuera del aula que lo que sucede dentro, por la sencilla razón de que realmente es más interesante…
  • si estoy frito de corregir exámenes y poner notas que luego no son útiles ni a ellos ni a mí…
  • si estoy harto de imponer disciplina en el aula para que se estén quietos y escuchen cuando sé que así, quietos y callados, no se aprende…

¿Por qué tengo que seguir haciéndolo si no hay ninguna ley que me obligue a ello, realmente?

¡Si lo único que me hace actuar así es la costumbre de siglo y medio!

Decidí que tenía que cambiar. Y en ello ando aún. Lo que pasa es que no sabía que tratar de dar respuesta a esa cuestión te lleva a un desierto. Literalmente. Porque estás muy solo en un centro haciendo cosas que no son habituales. Porque abandonas lo que sabes hacer y lo sustituyes por lo que no sabes si sabes hacer. Porque te vuelves «peor docente» (para algunos) para que tu alumnado sea mejor, que es lo que importa. Eso sí: merece la pena. Lo sé.

Cuando traté de iniciar el cambio atendí a la metodología pero sin variar la evaluación. Y, claro, el alumnado no reaccionaba. ¿Para qué trabajar como le proponía si luego le iba a preguntar lo mismo? Lógico… Me di cuenta muy pronto de que cualquier cambio educativo tiene que empezar por la evaluación.

La evaluación promueve estilos de aprendizaje. Pero solo si la dejas porque la evaluación se presta mal a la multitarea: si quieres usar la evaluación para promover un estilo de aprendizaje concreto y, a la vez, para poner notas, chirría. Mucho. Yo he decidido que la lógica de la evaluación en mi aula sea la lógica del aprendizaje, no la de la calificación.

Por eso:

  • Hago entrevistas individuales a diario mientras el resto del alumnado trabaja (por indagación, tareas o proyectos, en contextos colaborativos). Dedico a eso más del 50% del tiempo. En la entrevista el alumnado elige sobre qué mostrar su saber. Y tiene que convencerme, del modo que crea conveniente, de que lo ha trabajado, lo entiende, lo sabe usar para algo y lo comunica.
  • Si la entrevista sale bien, contenido superado. Si no, una orientación, pero nunca una nota mala. Porque el error forma parte del aprendizaje. Por eso NUNCA hago medias.
  • Si la entrevista sale muy bien, quien la hizo pasa a ser referente en esa cuestión para el resto del alumnado.
  • Pongo exámenes (bastantes) sin que el alumnado sepa qué día toca. Pero pueden ponerse sus propias preguntas. Si preguntas y respuestas evidencian que se trabajó, se entiende, se sabe usar y se sabe comunicar, me vale. Y si no, orientación. NUNCA mala nota ni hacer media. Y me encanta corregir ese tipo de ejercicios…

Y esto promueve que el alumnado trabaje en el aula como le sugiero. Pero a la vez, que sea autónomo en la búsqueda de sus evidencias de aprendizaje. Y ahora, se me ocurre una pregunta: ¿podría trabajar así si hubiera estándares de aprendizaje altamente definidos? Tú dirás…

Fuente: https://evaluaccion.es/2014/10/29/buscando-sensatez-en-la-evaluacion/