El aula como comunidad de investigación solidaria

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Mariano Martín Gordillo

Vamos a imaginar que queremos innovar en el aula. Y hacerlo en una materia cualquiera y en el tiempo lectivo ordinario. Empezaremos por repensar algunas cosas. Por ejemplo, nuestra relación con el currículo y nuestra manera de entender la organización del aula.

Sea como sea el currículo prescrito no podemos aceptar que todo lo demás quede proscrito. Por ejemplo, las controversias, los problemas cotidianos y los temas social y ambientalmente relevantes. En la vida el conocimiento suele estar entreverado con los valores y la información con los intereses. Sin embargo, los boletines oficiales y los libros de texto destilan lo conceptual para neutralizar lo axiológico. Y esa no es la mejor manera de educar para la vida. Ni de organizar los contenidos que pueden y deben ser tratados en el aula.

Así que imaginaremos que podemos seleccionar unos pocos temas para trabajar en nuestra clase. Todos ellos ética y socialmente relevantes y con una formulación que no dependa solo de las inercias normativas. Para elegirlos tendremos en cuenta que no resulten redundantes y que hagan razonable el periplo formativo de nuestros alumnos. Así que no presupondremos coherencia en el currículo prescrito, sino que la buscaremos en nuestras decisiones sobre el que llevaremos al aula.

Pero los temas o los focos no es lo único que deberemos modificar del currículo. También deberemos cambiar nuestras expectativas sobre lo que es posible hacer en un aula. Para ello renegaremos de que la ordenación por defecto deba ser algo tan defectuoso como esas filas dispuestas hacia una tarima que, aunque ya no exista, sigue imponiendo su ley en el aula. En la nuestra haremos que los alumnos trabajen habitualmente en equipos y sean frecuentes las puestas en común y los debates. Así que distribuiremos algunos roles para que los alumnos puedan desempeñarlos por grupos.

Por ejemplo, unos equipos podrán acercarse al tema que tratemos haciendo investigaciones conceptuales en las que leer, pensar, razonar, comparar, contrastar e informarse sean cosas cotidianas y se hagan de manera compartida. A esos equipos los podemos llamar de investigación conceptual.

También podrá haber otros equipos que tratarán el mismo tema haciendo sobre él investigaciones empíricas. Es decir, estudios de campo, encuestas de percepción, entrevistas a expertos u otros actores implicados. Cosas no muy distintas a las investigaciones propias de las ciencias sociales. Así que esos equipos de investigación empírica aportarán datos o informaciones más inmediatas sobre el tema que estemos tratando.

Pero, además de informaciones, opiniones y datos, los temas relevantes también son susceptibles de acercamientos estéticos. Y esos serán los que presidan el trabajo de los alumnos que se integren en los equipos de investigación creativa. Ellos intentarán sensibilizarnos y hacernos reflexionar a través de propuestas tan interesantes como escenificaciones, cómics, canciones, programas de radio u otras muchas ideas que aportarán una dimensión más creativa al tema que estemos tratando.

La clase se nos complica, así que habrá que tener a alguien que ponga orden en todo esto y armonice los trabajos. Eso suele hacerlo el propio docente, pero aprender a organizar una investigación diversa y compartida es del mayor interés en una educación que, además de emprendedores, quiere formar ciudadanos. Así que, en el centro de la clase situaremos al equipo que se encargará de la coordinación de la clase. Ese equipo crucial será el que levante actas o haga relatorías, el que fije plazos, el que haga el seguimiento de todos los trabajos y también el que dinamice las puestas en común y los debates.

La nuestra es una clase cooperativa en la que todos investigan sobre lo mismo pero desde distintas perspectivas. Así que será importante ordenar las exposiciones que harán los equipos cuando concluyan sus trabajos, las puestas en común posteriores y el debate abierto en el que primero discutiremos y luego intentaremos llegar a algunas conclusiones compartidas sobre el tema que hemos tratado.

Así abordaremos el trabajo sobre un asunto concreto de una forma dialógica y cooperativa. Pero un tema no agota un curso. Así que en el siguiente cambiaremos los papeles. Los del equipo de coordinación que lideró el trabajo de toda la clase se dedicarán en el nuevo tema a hacer una investigación empírica. Los que hicieron una investigación creativa quizá puedan encargarse ahora de preparar una conceptual sobre este nuevo tema. Y los del equipo de investigación conceptual quizá podrán ser los que coordinen la clase.

Y así con esa rotación entre temas y funciones podremos ir variando y compartiendo los roles que todos los alumnos van teniendo en nuestra clase. Si elegimos cuatro grandes temas para un curso todos habrían pasado también por cuatro maneras distintas de acercarse a la investigación sobre ellos.

Para que todo esto funcione tendremos que cambiar algunas cosas. En primer lugar, nuestra percepción de ese techo de cristal que es para muchos el currículo prescrito. En segundo lugar, las relaciones que se generan en el espacio del aula si no se piensan y deciden otras formas de habitarlo. Pero también tendremos que impugnar nuestras inercias evaluadoras. Romper la tendencia a reducir la evaluación a la calificación y esta a la cuantificación. Suponer que evaluar no ha ser solo eso, sino dar valor a las cosas. A nuestros alumnos, a lo que ellos hacen y también a lo que hacemos nosotros. Evaluar es dar valor y eso es algo que no es fácil de hacer si no hay valores expresos en el aula: en la ordenación del currículo y en las maneras de usar el tiempo. Así que, igual que en la vida, no serán los exámenes los detectores infalibles de la verdad evaluadora. Por tanto, valoraremos lo que se hace cotidianamente: los resultados del trabajo de cada equipo, las exposiciones públicas, las puestas en común y también los debates. Así que valoraremos mucho la acción y la participación. No solo la paciencia y docilidad para sobrevivir a los exámenes.

Muchos pensarán que todo esto tiene mucho que ver con los trabajos por proyectos y con el aprendizaje cooperativo. Con todas esas cosas que últimamente parecen modernas y deseables si quienes las promueven son los jesuitas o los finlandeses. Sin embargo, no son cosas de ahora. Algunos las defendemos desde hace mucho tiempo. Lo hacíamos en aquellos años en que estaba más de moda repudiar la LOGSE y en general cualquier innovación educativa. Así que lo que describen los párrafos anteriores han sido para nosotros formas cotidianas de trabajo en el aula desde hace mucho tiempo. La llamábamos Comunidad de Investigación Solidaria y comenzamos a trabajar de ese modo hace ahora veinticinco años.

Original: http://maculammg.blogspot.com/2017/11/el-aula-como-comunidad-de-investigacion.html

La idea de una comunidad de investigación y acción solidaria es la apuesta por organizar el aula como espacio educativo en que sea imprescindible la cooperación para el aprendizaje. En esta propuesta didáctica se intenta desarrollar las premisas sobre la educación en valores articulando dialécticamente lo conceptual con lo actitudinal y lo procedimental y haciendo que el propio desarrollo de las unidades didácticas se lleve a cabo mediante la práctica de los procedimientos que se dan en la organización de la clase. Al definir la clase como una comunidad de investigación solidaria se pone el acento en los objetivos del trabajo en clase: investigar sobre ciertos temas, y hacerlo solidariamente, precisamente de la misma forma en que el saber se ha desarrollado realmente en la historia: en comunidad. Este planteamiento organizativo para la educación en valores se ha venido utilizando desde hace algunos años en las clases de Ética (materia que se sitúa al final de la educación obligatoria) de diversos institutos españoles de enseñanza secundaria.

A la investigación solidaria la propuesta que se presenta la articula con la acción en el mismo sentido. Se trata de llevar adelante uno de los infinitivos que Mariano Martín Gordillo propone para la educación: participar.

Para la constitución del aula como una comunidad de investigación y acción solidaria se definen cuatro modos de investigación o estrategias de trabajo diferenciados.

I.- Investigación conceptual: Se trata de la forma de investigación que indaga en la herencia cultural sobre el tema de que se trata. El objetivo es propiciar en los alumnos un acercamiento académico a lo que el tema ha supuesto o lo que sobre él se ha dicho en la historia. Los referentes fundamentales de investigación para estos equipos serán los documentos bibliográficos y periodísticos. Para facilitar a los equipos correspondientes esta tarea y hacerla viable en el tiempo destinado a su trabajo de investigación, se han diseñado textos, dilemas, problemas conceptuales, etc., acompañados de los cuestionarios que les ayudan en su trabajo.

II.- Investigación empírica: Para cada unidad se configuran también otros dos equipos de investigación empírica. Son los que intentan palpar la realidad cotidiana sobre esos temas así como las valoraciones morales correspondientes. Se trata de dar rigor a la disputa de datos y opiniones que tan frecuentemente aparecen en los debates sobre los temas valorativos y que en tan pocas ocasiones están bien fundamentadas. Los equipos de investigación empírica (partiendo también de dos actividades diferentes para cada tema que les guían en las tareas que podrán llevar a cabo durante su investigación) obtienen información y la analizan en la forma en que lo hacen las ciencias humanas. Confeccionan encuestas, hacen entrevistas o llevan a cabo estudios de campo centrados en los hechos (v.g., reparto por sexos de las tareas domésticas, conocimiento de los temas sexuales entre los jóvenes de su edad) y sobre las opiniones (v.g., sobre el consumo de tabaco y alcohol, sobre la integración de las minorías étnicas o los inmigrantes en su ciudad) que tienen que ver con los temas valorativos tratados. Si el referente de los equipos de investigación conceptual es la cultura universal depositada en los libros, los equipos de investigación empírica tienen que vérselas con su entorno vital al nivel de su comunidad más inmediata (familia, pueblo, centro educativo, barrio o ciudad). Por ello, serán también los grupos encargados de conectar a la clase con las instituciones de la ciudad que tengan algo que ver con el tema tratado.

III.- Creatividad: Los grupos de investigación conceptual y de investigación empírica supondrían acercamientos a lo que puede saberse (tanto racional como empíricamente) sobre el tema del que se trate. Sin embargo, hay un tercer modo de acercamiento a esos temas en el que el componente creativo o expresivo es fundamental. Tal como anteriormente se ha defendido, se trata de propiciar la vinculación entre lo estético y lo ético, de asumir, por tanto, la importancia educativa de la dimensión creativa o estética como componente irrenunciable de la educación en valores. En muchas ocasiones ideas morales difícilmente racionalizables en la adolescencia se hacen evidentes y se manifiestan con fuerza si su soporte expresivo es de carácter creativo. Se trata de recuperar el espacio de creación y de la acción como forma de acercamiento válida a los temas morales. Para quienes dudan del rigor académico que este planteamiento cabría recordar la unanimidad con que consideramos el cine, el teatro, la literatura y hasta la música como medios de expresión de valores morales muchas veces más nítidos que el discurso descriptivo sobre los mismos.

IV.- Coordinación: Si el equipo de investigación conceptual relaciona a la clase como comunidad de investigación con la cultura universal, el de investigación empírica tiende el puente con las instituciones ciudadanas externas al centro y el de creatividad posibilita la presencia estética del tema en el aula y en el centro educativo, el equipo de coordinación (único y formado por 6 u 8 miembros) es el responsable de que todo ese trabajo diferenciado, aunque sobre el mismo tema, tenga coherencia y pueda ser compartido adecuadamente por todos.

Llevar al aula permite al docente

Analizar y reflexionar sobre las diferentes estrategias en educación y evaluar su pertinencia en diferentes contextos..
Conocer estrategias prácticas para abordar en al aula cuestiones valorativas centradas en la participación del alumnado.
Disponer de materiales didácticos para educar para valorar y para participar diseñados con diversos formatos y pensados para un uso modular en el aula en tiempos limitados.
Diseñar y compartir materiales didácticos contextualizados y orientados a educar para valorar en el aula.
Diseñar y compartir proyectos didácticos de mayor alcance para contextos curriculares definidos que puedan estar constituidos por materiales didácticos diseñados para un uso modular.
Utilizar herramientas digitales para intercambiar proyectos y experiencias relacionadas con la educación para valorar y para participar.