Escribir-Leer-Calificar vs. Hablar-Escuchar-Orientar-Validar

  • Publicado en Blog
Escribir-Leer-Calificar vs. Hablar-Escuchar-Orientar-Validar Pixabay.Chiemsee2016. CC0 Public Domain

José Luis Castillo.

Busquemos ineficiencias en la evaluación y miremos cómo podemos mejorar el rendimiento sin incrementar ni tiempo ni esfuerzo. O, incluso mejor: reduciéndolos.

El ejercicio escrito es un mecanismo tradicional. No es el que privilegia la ley, pero es el más frecuente. Sin embargo, cuenta con muchas ineficiencias que nos hacen infelices a alumnado y profesorado.


  • Se hace en una hora de clase, en la que todo el alumnado está reunido, y que se podría emplear mejor para trabajo conjunto.
  • El proceso de escritura es más lento que el de expresión oral.
  • Se corrige fuera de las horas de clase, cuando al alumnado no le es posible realizar aclaraciones sobre lo que se escribió.
  • El proceso de lectura al profesorado más tiempo y esfuerzo que el de escucha.
  • Suele ser complejo devolver retroalimentación sobre los errores o aciertos.
  • Agrega información muy valiosa sobre procesos y resultados en una nota, que es una información no tan valiosa.
  • Suele ser opaco para otros agentes educativos.

Cuando una organización encuentra tantas ineficiencias es importante plantearse un cambio. Especialmente cuando la tecnología lo permite. No solo lo permite: lo facilita. Y mucho.

Producción oral para alcanzar el equilibrio

Imaginemos una situación distinta. Una en la que el alumnado produce oralmente. Explica en un vídeo cuestiones como qué preguntas se hace que necesita él, su entorno, la sociedad, el futuro… También qué información ha buscado y dónde, cómo la ha organizado, qué uso le da para responder a las preguntas. Imaginemos que mientras graba el vídeo se ayuda de material diverso (carteles, dibujos, objetos…). Imaginemos también que ese vídeo lo graba en el momento en que siente que puede hacerlo, sea en clase o en casa. Y lo envía a su docente por un medio eficiente (a mí, personalmente, Telegram me parece rápido y sencillo, por varias razones).

Toda esta parte del proceso me parece mucho, mucho, mucho más eficiente que la realización de un ejercicio escrito para evaluar. Se hace cuando se produce el aprendizaje, y no a fecha fija. Toma la iniciativa el alumnado. Escoge el mejor momento. Además, el aprendizaje, con los permisos pertinentes, puede pasar a ser visible para múltiples agentes educativos (familia, otro alumnado, otro profesorado… incluso inspección o cualquier instancia de la Administración) y se puede convertir, con dichos permisos, en contenido educativo.

Continuemos imaginando. Porque una vez que el vídeo llega al o a la docente, se puede visionar en poco tiempo en cualquier sitio. Cuando sea conveniente. Y se realizan orientaciones sobre él. O se considera suficiente. Eso sí, hay que validar ese conocimiento en algún momento en clase. Preguntando algo al alumnado, o sugiriéndole un nuevo uso para sus ideas, o pidiendo cómo le serviría para tomar decisiones en un nuevo contexto. Validando con cualquier método que permita distinguir el aprendizaje auténtico de la mera apariencia de aprendizaje.

Toda esta parte del proceso me parece mucho, mucho, mucho más eficiente que la de corregir un ejercicio escrito. Es más rápido, se reparte en el tiempo, con lo que supone menos carga de trabajo, se orienta a la orientación y al acompañamiento, ayuda a comprender, no solo los productos sino los procesos, genera aprendizajes auténticos, contextualizados, dotados de valores y emociones, pone en juego muy diversos recursos para promover competencias, reduce la posibilidad de hacer trampas, ayuda a que otros agentes educativos vean y valoren la labor docente, genera informaciones de mayor calidad que una mera calificación de 0 a 10…

¿Quiere esto decir que hay que abandonar la escritura en la evaluación, o la escritura en la educación? ¡Noooo…! Esto quiere decir que hay que equilibrar. Que la información oral está muy desaprovechada y que hay un potente desequilibrio hacia lo escrito que podría ser bueno pensar y, en su caso, reconducir.

Cuando una organización, como el sistema educativo, encuentra tantas ineficiencias es importante plantearse un cambio. Sobre todo cuando ese cambio es posible, fácil, eficiente.

Fuente: http://evaluaccion.es/