Es nuestra oportunidad

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Ana Belén Mantilla Fernández
Colegio San José-Niño Jesús. Reinosa

El proceso de enseñanza-aprendizaje es un viaje largo y con mucha tradición expuesto al cambio diariamente. En este curso pandémico todo es relativamente nuevo para docentes, familias y alumnado. La educación, al igual que la sociedad, está acomodándose a una nueva realidad, en la cual, todos somos protagonistas que debemos aprender y experimentar nuevas formas de hacer. En ocasiones, los docentes en los diferentes centros educativos comenzábamos a probar nuevos métodos relacionados con las nuevas tecnologías mientras soñábamos con una mejora en la educación y por qué no… ¡Pedíamos un cambio! ¿Pero dónde se escondía ese cambio? Los docentes es este tiempo pandémico nos hemos replanteado y descubierto muchos aspectos necesarios para afrontar la educación del S.XXI.

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Con el Covid_19, hemos a comenzado a posar y dar forma a nuestros ideales, preferencias y por supuesto: a nosotros mismos. Ha tenido que ser este golpe pandémico el que nos ha propinado una apertura hacia la realidad de forma drástica e inminente. A pesar de la oscuridad y prohibiciones existentes, hemos sentido la luz hacia las mejoras, la calidad y la atención personalizada. Este año, los docentes tenemos nuestra oportunidad de reiniciarnos de nuevo y priorizar en los déficit que hemos visto en esta pandemia como son: la necesidad de enfermeros en los centros educativos; la necesidad de abordar en las aulas un plan de convivencia sustentado en valores y principios sólidos; desarrollar actividades  basados en la inteligencia emocional y por supuesto ,priorizar nuestra calidad de vida por medio de hábitos saludable reales, que sobresalgan más allá del papel y que incidan en nuestro bienestar de forma directa.  Por otra parte, la eficacia de las reuniones y el intercambio de opiniones en el plano laboral entre compañeros y colegas de profesión está dotando un sentido funcional y directo a las coordinaciones través del trabajo colaborativo en red, aspecto que antes sólo contemplábamos en cursos, grados o formaciones. Nos encontramos en un momento de apertura hacia la novedad y de parón para la reflexión conjunta con el fin de lograr una educación de calidad que estaba pidiendo desconsoladamente cambios.

En el año del horizonte 2020, los cambios se han apresurado como si de guepardos hambrientos se tratase. Pero… ¿De verdad estos “corona-cambios” son fugaces o estaban latentes y cerrábamos los ojos para permanecer estáticos y evadir las modificaciones en la práctica? Esta pregunta es esencial para apostar por el cambio dentro de la educación, que tantas veces docentes y sociedad solicitamos, pero paralelamente tenemos miedo abordar de una forma brusca y vertiginosa. Por ello, el miedo ha de ser abordado no como un oponente, si no como un compañero imprescindible para crecer y superar barreras y límites que estaban en situación de alarma para ser modificados. Toda la magia está situada fuera de la zona de confort y debemos descubrirla en nuestro interior y descubrir nuestra oportunidad para ser y estar mejor. Con mis alumnos abordo mucho la necesidad de creer en ella para descubrir intereses, necesidades y por supuesto para aprender con más ganas y de forma significativa.

El Covid_19 ha trastocado nuestras vidas y los pilares de las mismas, como es el caso de la educación. Se ha apagado el proceso de trasmisión de conocimientos a nivel mundial de un maestro a su grupo de aprendices para abrir un ventanal de luz enfocado a proyectar: valores, salud, flexibilización en ritmos de trabajo y la atención individualizada.  La legislación estanca recoge una normativa con la que muchos maestros no se identificaban, ya que en ocasiones el alumno y su metamorfosis interna quedan en un segundo plano, cuando debe ser un requisito esencial. El aprendizaje entre diversas comunidades de aprendizaje resulta ineludible entre alumnos, familias y docentes. Compartir experiencias es una necesidad en la que cada día estoy más inmersa. Nuevos docentes enredados, experiencias y recursos son todo un tesoro que me sorprenden cada amanecer. En la Sociedad de la Información y del Conocimiento, las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), la comunicación en general y las tecnologías 2.0 vienen jugando, sobre todo, en las dos últimas décadas, un papel muy importante en la educación superior, en sintonía con la idea de que la digitalización de la información cambiaría el soporte primordial del saber y del conocimiento y los hábitos y costumbres con respecto al conocimiento (Adell, 2007).La trasmisión de conocimiento se expande en las redes muy rápido y los docentes debemos hacer uso de ese canal de expansión entre compañeros, familias y alumnado. El entorno 2.0 potencia espacios virtuales para la interacción social, la participación abierta basada en aplicaciones telemáticas, gratuitas y fáciles de manejar (Cabero, López & Llorente, 2009). En este sentido, las redes de aprendizaje se constituyen en comunidades de buenas prácticas para compartir trabajos, experiencias y por supuesto aprender unos de otros de manera altruista y gratuita. Esta situación, ha fomentado que la gran mayoría de los centros educativos tengan la necesidad de elaborar videoclases, clases en vivo, y conviertan sus espacios de trabajo y de hogar en laboratorios virtuales. Herramientas tales como: Youtube, Whatsapp, Blackboard, Microsoft Teams, Zoom e incluso redes sociales, como Facebook o Instagram, han sido los soportes para desarrollar las diferentes clases. Todos hemos aprendido y estamos aprendiendo hoy en día de forma conectada. Debemos desempolvar del gran gigante de Internet, aprendizajes vinculantes para nuestras vidas y trabajos, para así, seguir experimentando, creciendo y ayudándonos los unos a los otros.

Nos encontramos inmersos en una era digital, esto es, una sociedad sumergida en el uso de las nuevas tecnologías, donde los hábitos y estilos de vida se han visto transformados por el desarrollo constante e imparable de las tecnologías digitales e Internet. Las herramientas tecnológicas y el espacio virtual han suscitado nuevas formas de comunicarnos, de trabajar, de informarnos, de divertirnos y, en general, de participar y vivir en una sociedad red (Castells, 2006). El concepto y la idea de aplicar el conectivismo, a través de redes, mediante una teoría del aprendizaje, es avalada por las tres grandes teorías del aprendizaje: conductismo, el cognitivismo y el constructivismo. Las distintas redes creadas en los entornos virtuales deben ser mantenidas para seguir creciendo y aprendiendo de forma autónoma y colaborativa. Muchas de las reuniones presenciales, han sido sustituido por reuniones virtuales, que han avivado la eficacia de las mismas y han logrado incluso que la atención perdure. La carga docente extraescolar , generada por reuniones de coordinación y claustros a través de entornos virtuales, han conseguido que el docente desconecte de su entorno de su trabajo y continúe inmerso en su laboratorio personal, de una manera más distendida y relajada: aspectos que deben primar en cualquier profesión y trabajo para contagiar en todos los participantes acerca de la importancia de preservar un clima positivo, respetuoso y en la medida de lo posible, ausente de estrés y cargas horarias. Estamos nuevamente teniendo en nuestras manos la oportunidad de mejorar dentro de la oscuridad, siendo para ello esencial conservar estas rutinas y aspectos novedosos que nos están funcionando, para que se impregnen y continúen latentes en futuro laboral y profesional con las familias, docentes, colegas y alumnos.

El virus más polémico y contagioso nos hace priorizar la salud en primera instancia para impartir clases y desarrollar la inteligencia emocional de forma intensa en nuestros alumnos. Estos elementos trasversales que permanecían en el cajón de sastre han cobrado vida para exigir a gritos la creación de hábitos en el aula, el autoconocimiento personal y la contextualización del proceso de enseñanza. La pandemia ha replanteado los métodos de la educación y ha encendido los puntos rojos que muchos pedagogos y expertos han debatido durante siglo atrás y que vuelven a iluminar nuestro camino como la importancia de aunar sanidad y educación. Dicha unión de sanitarios y educadores fue visualiza por la pedagoga y médica: María Montessori, allá por 1900, quien consideró que la escuela es un espacio social muy importante para prevenir y/o curar enfermedades, normalizar a los niños, estudiar las principales características de su personalidad y transformar la sociedad. Además de lo anterior, Montessori fue defensora de una buena preparación de los docentes, de modo que éstos, pudiesen diagnosticar de forma temprana y correctamente los problemas de salud en los niños partiendo de sus características particulares y su desarrollo intelectual. Por ello, no se trata de reformar los métodos pedagógicos, rediseñar los pupitres o los materiales, sino de transformar las prácticas, crear ambientes, reconducir las fuerzas del niño, articular la instrucción con la actividad, conectar al individuo con la sociedad, donde se propicie la alegría sin perder de vista el aprendizaje, la disciplina, el estudio y el trabajo. (Montessori, 1913: 134). En los centros educativos cada día es diferente, y cada miembro de la comunidad educativa debe velar por su salud para protegernos a todos y poder disfrutar de la jornada laborar con una buena salud, que se refleja en entusiasmo, motivación y fuerza para afrontar los nuevos retos de las asignaturas, proyectos y actividades colegiales.

Además de la salud, este virus ha hecho que nuevamente se enfatice en la necesidad de incidir desde el momento cero en los conocimientos previos, como defendió Vigotsky con su zona de desarrollo real en 1978. Las aportaciones de Vygotsky se sitúan, como advierte De Rosa (2018), bajo un enfoque sociocultural. Para Vygotsky, el proceso de construcción del conocimiento está relacionado con la interacción de la persona con su contexto sociohistórico-cultural. En algunas ocasiones los conocimientos previos de los alumnos quedan al margen por el tiempo, pero son y siempre han debido de ser: fundamentales para conocer los intereses y necesidades de nuestros alumnos y saber de dónde partir en las distintas unidades didácticas, proyectos y actividades. Desde la práctica educativa de educación primaria e infantil, muchos de los docentes nos apoyamos en las rutinas de pensamiento desarrolladas por los integrantes del Project Zero (entre los que están David Perkins, Ron Ritchhart, Shari Tishman y Patricia Palmer) en colaboración con numerosas escuelas americanas. El uso de las rutinas de pensamiento en el aula constituye una herramienta para reflexionar sobre el aprendizaje y así conseguir una transformación cultural en el mismo que implica incidir en los conocimientos previos y logar un aprendizaje significativo para el alumnado y profesorado. Richhart, Church y Morrison (2011) las consideraron como “herramientas que promueven el pensamiento, estas, al ser dinámicas, no solo fomentan el pensamiento sino también motivan al estudiante en el proceso de aprendizaje” (p.29). Posteriormente en 2014, los mismos autores las redefinen como “procedimientos, procesos o patrones de acción que se utilizan de manera repetitiva para manejar y facilitar el logro de metas o tareas específicas”. Las rutinas de pensamiento pueden ser utilizadas para partir de los conocimientos previos y apoyar en el desarrollo del pensamiento de los estudiantes, aspectos que el gran Vigotsky defendió y al que no hemos de olvidar. El constructivismo sociocultural de Vygotsky advirtió la necesidad de no descontextualizar al individuo de la realidad social que lo envuelve, así como también que sus procesos cognitivos estén mediados por la comprensión de instrumentos y signos construidos social y culturalmente (León de Viloria, 1997).Dichas enseñanzas vigotskyanas, han vuelto a esclarecerse en este tiempo pandémico; ya que, para comenzar con las diferentes temáticas, los docentes hemos tenido que detenernos en considerar las bases que nuestros alumnos traían después del periodo de confinamiento; etapa en la cual tuvieron que aprender conectados y en muchos casos acompañados de sus familias.

 Las competencias para sobrevivir y formar ciudadanos competentes han salido a la luz y tanto el alumnado como las familias y docentes estamos trabajando en ellas de forma real. La necesidad de incorporar enfermeros en los colegios es una realidad que se está perfilando y demando tras esta sacudida del virus, pero... ¿De verdad no hacen falta enfermeros ante caídas de alumnos y docentes, malestar de profes y alumnos? La enfermería ha de ser un referente en los centros para garantizar bienestar en la comunidad educativa. Algunos países como Inglaterra y Estados Unidos ya son conscientes de ello y han aunado sanidad y educación en los centros educativos. Históricamente, el origen de la enfermería escolar se sitúa en Inglaterra en 1891 en el congreso londinense de Higiene y demografía, donde se describen los beneficios que aporta el personal de enfermería que acude a colegios de forma regular, primero a los centros educativos privados y de educación especial y más tarde a los públicos (Drown, 1901). Se empieza trabajando en los colegios de los barrios más necesitados, pero la tarea realizada es limitada por la escasez de los recursos. Sin embargo, la salud de esas poblaciones mejora con la iniciativa: se reduce el absentismo escolar y se generan nuevas conductas de salud que inciden en la comunidad educativa y familiar (Ossama, 2011). De ahí que, en 1897, analizando esos buenos resultados obtenidos con tan pocos medios se establece la primera fundación denominada The London SchoolNurses Society (Sociedad de Enfermería Escolar Londinense). Eso contribuye a que se financien más puestos y su labor se expanda (Corral, 2016). En 1909 llega a Boston (EEUU), donde se lleva a cabo un estudio en el que introducen a dos enfermeras en varios colegios para controlar el absentismo escolar debido a las enfermedades físicas y contagiosas. Es tal el éxito, que en 1926 la Organización Nacional de Enfermería en Salud Pública (ONESP) señala la eficacia en la educación sanitaria cuando interacciona el cuerpo docente con la enfermería, alcanzando un abordaje completo en la salud infantil y en la educación sanitaria a los padres. En 1999 en Estados Unidos surge el término de “Schoolnursi”. Dicho país, cuenta actualmente, con 45.000 profesionales que dan cobertura a casi el 75% de los centros. Según la American Federation of Teacher (AFT), existe una ratio de 1:1155. Estos resultados muestran como algunos gobiernos valoran la necesidad de disponer de un servicio de enfermería en las escuelas (Ossama, 2011).

En nuestro país, España, esta unión y consideración de la figura de un sanitario en los centros educativos comenzó a valorarse en 1886 con Pedro de Alcántara García, quién publicó: “Tratado de Higiene Escolar”. A través de este tratado, denunció la ausencia de conductas higiénicas y alimenticias, criticó los castigos escolares y, por primera vez, habla de la necesidad de crear ‘botiquines’ en dichos espacios. De Alcántara, denunció una situación insostenible en términos de salud, y habló de la necesidad de actuar (Alcántara, 1886). Las primeras enfermerías escolares, por otro lado, surgen en los Colegios Públicos de Educación Especial en la década de los ochenta al amparo de la Ley de Integración Social de los Minusválidos (LISMI). En 1989, se firma un convenio de colaboración entre el Ministerio de Sanidad y el Ministerio de Educación, para instruir al profesorado en la Prevención de Enfermedades y en la Promoción de la salud. Sin embargo, los resultados obtenidos tras esta iniciativa legislativa han sido insignificantes. Los docentes se ven incapaces de desarrollar competencias que no les corresponde por su falta de conocimiento y de tiempo (Navarro, 2016). Ya en el 2009,  la Asociación Madrileña de Enfermería en Centros Educativos (AMECE), conforma la primera asociación española en Enfermería Escolar defensora del perfil de enfermería escolar, quien define el perfil del enfermero como: “el profesional que, dentro del ámbito del centro y de acuerdo con el Proyecto Educativo del Centro (PEC), le incumbe la responsabilidad de proporcionar de forma individualizada, o en su caso, de forma coordinada dentro del equipo escolar, los cuidados propios de su competencia al alumno/a de modo directo, integral o individualizado. En el ámbito educativo, además, han de prestar un servicio que permita aumentar la capacidad del individuo y de la colectividad escolar, para prevenir, detectar y solucionar sus problemas de salud. El PEC, es un documento que debe identificar a todos los centros como si de un DNI se tratase, por ello, en próximas revisiones del mismo, la salud debe primar por medio de la inclusión de sanitarios en los centros para que dichas señas de identidad se apoyen de forma permanente y no pasajera en el bienestar y la salud.

Con la llegada de este virus, los docentes y muchos profesionales reciben a sus clientes con una pistola de infrarrojos para medir su temperatura y gel hidroalcohólico en la mano para controlar su estado inicial de salud.  En los inicios de curso, gran parte de los maestros hemos insistido antes de la llegada del Covid_19 acerca de la salud de los niños y su estado de salud, pero es ahora, cuando se instaura desde cada Consejería de educación, un modelo de declaración responsable que compromete a familias a firmar compromisos para valorar el estado de salud de sus hijos y evitar contagios. Dicho contrato, ojalá, marque un antes y un después en la comunidad educativa y en los centros escolares, ya que la salud debe ser realmente el requisito fundamental en las aulas tanto como para los alumnos, familias y docentes.

Otros aspectos como la organización de las aulas y las normas del centro se han visto salpicados ante los protocolos del COVID; provocando que ya no sean aspectos estáticos y deban valorarse anualmente, ya que los cambios permanecen en el tiempo como defiende Richard Gerver y debemos apostar y creer en ellos. Además, la variedad de metodologías, así como la interacción con diversos materiales físicos y digitales han fomentado el aprendizaje a través de medios adaptados a los alumnos de forma eficaz y variada. El eclecticismo debe ser una apuesta incluida en la mochila de cada docente, para dar lugar a la introducción de diversos enfoques y puntos de vista dentro de nuestras aulas y centros educativos. “Debemos darnos cuenta de que el futuro de la educación se apoya en el trabajo conjunto y en una colaboración más estrecha de todos los sectores de la sociedad para primero crear una estrategia y, a continuación, trabajar duro para poder llevarla a cabo”. (Richard Gerver 2002, p. 12). Tras las palabras del gran Richard Gerver, dicho cambio está instalado de una manera continuada en la vida, para ayudarnos a reflexionar acerca de la necesidad de trabajar en comunidades de aprendizaje y en comunidad. Cuando se intercambian metodologías y se debaten con los verdaderos protagonistas: alumnos, docentes y familias, crecemos exponencialmente. Aspecto que debemos cuidar y mimar diariamente. El trabajo de un docente demanda reciclaje y formación continuada. Se trata pues, de una carrera de fondo, llena de diferentes obstáculos y batallas, como si de un video juego se tratase. El cambio radica en cada día e incluso en cada hora. Las modificaciones, adaptaciones y diversidad de métodos es una baraja que todo docente debe tener en su manga para trabajar con los distintos ritmos de trabajo del aula, intereses y necesidades.

Por otro lado, la higiene es esencial, al igual que mantener unas normas de limpieza de forma globalizada en los distintos lugares sociales, por los cuales pasan cientos de personas al día. Los protocolos han ayudado a prevenir muchos contagios en las aulas y es un aspecto que ha venido para ser valorado. Las manos son una fuente de contacto para conocer, explorar e interactuar con el medio desde el nacimiento, etapa de vida en la cual los bebés conocen, sienten y experimentan sentimientos tan básicos como el dolor o la alegría. A partir de ahora, las manos y el sentido del tacto ha de protegerse cuando se interactúa con el medio y con los demás para disfrutar de la oportunidad que nos genera el sentir un abrazo, un apretón de manos o incluso una caricia de nuestros seres queridos.

Por otra parte, una consecuencia derivada de esta situación de pandemia en los docentes consiste en la necesidad de reinventarse asiduamente, para superar carencias como la brecha digital y educativa; además de convivir con mayor intensidad con problemas más frecuentes en la profesión docente como la afonía provocada por las mascarillas y el estrés generado por esta nueva realidad. El deporte, disciplinas como el mindfulness o cursos relacionados con la creación y curación de contenidos son claves para esta reinvención. La presión a la que se ven sometidos los docentes desde diversos frentes, deriva en la actualidad en la aparición creciente de patologías tanto de carácter físico como psicológico, de tal modo, que cada vez la comunidad educativa tiende a prestar mayor atención y preocupación por un problema que afecta tanto a la salud del profesorado, como a la calidad de la enseñanza (Sugai y Horner, 2001; Troman, 2000; Woods y Carlyle, 2002). Por otra parte, Manassero et al. (2005), encontraron que las principales causas del estrés y burnout señaladas por los profesores eran: la masificación de las aulas, la escasa valoración de la labor docente, la poca implicación de las familias, la escasez de tiempo ante la demanda de trabajo, la falta de motivación de los alumnos, la excesiva burocracia y el papeleo que de ello se deriva, y los problemas de indisciplina de los alumnos. Dentro de esta pandemia se han valorado las ratios, un aspecto positivo que se ha desprendido de esta situación y en la cual se deberá abordar de las consejerías para el bien de docentes y por supuesto alumnos. Mientras dicha situación permanece latente, es importante que los centros educativos, con sus alumnos y docentes inviertan en técnicas de mindfulness, para así provocar el desarrollo como una conciencia sin juicios que se desarrolla instante tras instante, momento a momento, mediante un tipo de atención no reactiva, abierta y sin prejuicios en el momento presente (Kabat-Zinn, 2007). En Banda (2007), establecen que la conciencia plena es un estado mental que permite a la persona enfocar la realidad del momento presente, con apertura y sin juzgar ni dejarse llevar por sus pensamientos y emociones, tomando distancia sobre sus contenidos mentales observándolos desde un punto de vista imparcial. Establecer unos minutos en las aulas para desarrollar una de estas técnicas ayuda en gran medida a cuidar la inteligencia emocional para disfrutar, ser y estar. Además de dichas técnicas, el deporte y la actividad física, como señala Brandon (1999), son terapias no farmacológicas efectivas para reducir el estrés, los trastornos del sueño, depresión, ansiedad y otros deterioros que surgen a lo largo del proceso de envejecimiento. La educación física en los centros debe cuidarse en gran medida para lograr un bienestar físico y psíquico, ayudando para ello en educar a crear hábitos, fomentar cuidados del cuerpo y disfrutar a través del juego. Con la pandemia, los juegos han sido más individuales, pero no por ello deben desaparecer, al igual que la teoría deportiva y la creación de hábitos y rutinas saludables. La educación física, junto a la música en la pandemia, han logrado que muchos ciudadanos desconecten, disfruten y se cuiden a nivel personal.

Cuidar y cuidarse son palabras mágicas, muy necesarias para esta nueva experiencia que sin duda alguna es y será: especial, inmemorable y muy educativa, ya que ahora más que nunca, los puntos débiles saldrán a la luz y debemos reforzarlos o al menos intentar subsanarlos. El año 2021, es el año crucial para realizar balance de las prácticas educativas a nivel individual y replantearse de qué forma aprenden nuestros alumnos en sus hogares y en el día a día. Dentro de cada práctica docente debemos registrar los puntos de mejora de forma anticipada para ser consciente de las necesidades como docente y buscar soluciones dentro del claustro, de forma consensuada y participativa. En esta pandemia, el control de la inteligencia emocional, entendida como un proceso educativo, continuo y permanente; ha potenciado el desarrollo emocional como complemento indispensable del desarrollo cognitivo, constituyendo ambos, los elementos esenciales del desarrollo de la personalidad integral de la persona. El cultivo interior de conocimientos y habilidades sobre las emociones encierra el objetivo de capacitar al individuo para afrontar mejor los retos que se planten en la vida cotidiana. Todo ello tiene como finalidad aumentar el bienestar personal y social. (Bisquerra, 2000). El estado de las emociones y será una parada obligada para muchos. Aún nos queda camino por andar, pero la parada para conocer las emociones y reincidir en su cuidado debe trabajarse de forma cotidiana en las clases mediante la búsqueda de momentos personales con los alumnos para hablar con ellos acerca de sus miedos, inquietudes, deseos e incluso tiempo libre. Esta pausa, hace que los docentes, ganen tiempo de calidad en sus clases y den sentido a las necesidades internas de cada alumno de forma democrática y conjunta. Recordemos, que la finalidad de la educación es formar personas competentes, es decir: capaces de enfrentarse al mundo y hacer del mismo, un lugar mejor para futuras generaciones.  En la actualidad, el mundo laboral demanda individuos competentes para el desempeño de funciones, con un perfil que permita insertarse a la vida laboral y social. Irigoin (1998) enuncia que una persona competente para el trabajo deberá adquirir conocimientos y desarrollar habilidades variadas, necesitando al mismo tiempo desarrollar actitudes y habilidades para la toma de decisiones, el relacionamiento humano, el liderazgo situacional, la resolución de problemas y de conflictos y la negociación. Nuevamente la oportunidad ha llamado a nuestra puerta de la vida para proclamar a gritos un autocuidado personal para cuidar a los demás y logar fines y objetivos de vida o profesionales de manera satisfactoria.

Esta pandemia nos está empujando hacia una nueva oportunidad de mirar, aprender y crecer personalmente. Debemos recordar que la educación es el movimiento de la oscuridad a la luz, tal y como el filósofo estadounidense Allan Bloom acogió en sus teorías. Aprovechemos este curso 2021, para dar sentido emocional y personalizado a nuestras experiencias tanto profesionales como personales con alumnos, familias, compañeros, amigos...          

 Recordemos que todos somos alumnos de la vida, y este virus nos está dando la oportunidad hacia el cambio, arrojándonos luz para alumbrar un futuro que se estaba apagando a nivel social, económico y personal. Es el momento para afianzar los diversos puntos defendidos en este artículo como nuestros ideales, preferencias y por priorizar nuestra salud emocional por encima de nuestro trabajo. Este golpe pandémico nos ha propinado una apertura para incidir en la reivindicación y necesidad de enfermeros en los centros educativos; la necesidad de abordar en las aulas un plan de convivencia sustentado en valores y principios sólidos; desarrollar actividades basados en la inteligencia emocional y por supuesto, priorizar nuestra calidad de vida por medio de hábitos saludables. Siempre hay un mañana, y la vida nos da oportunidades para vivir metamorfosis como las mariposas y hacer las cosas de otras maneras. Aprovechemos este momento lleno de oportunidades para cambiar y crecer:  es nuestra oportunidad.

Bibliografía

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Como citar:

Ana Belén Mantilla Fernández, A.B. (2021). Es nuestra oportunidad. Revista Iberoamericana de Docentes https://revistaib.com/blogrevistaib/oportunidad

Modificado por última vez enMiércoles, 19 Mayo 2021 02:57