Sobre las mediaciones tecnológicas y el rol docente en la pospandemia

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Paola A. Dellepiane, Buenos Aires, Argentina // Julio 2021 Comunidad de Educadores de la Red Iberoamericana de Docentes.

Durante la Pandemia, se acentuó la necesidad y relevancia de las tecnologías digitales, especialmente de Internet, para enfrentar la crisis sanitaria y mitigar sus efectos. También tomó gran relevancia el rol del docente en este contexto. Es momento de pensar en la integración del aprendizaje híbrido y la superación definitiva del binomio presencial-virtual. En este sentido, por qué no pensar el rol del docente desde un enfoque centrado en el proceso de aprendizaje, más que en el proceso de enseñanza. Siguiendo a Hugo Pardo y Cristobal Cobo (2020), la fuerza del rol docente debería focalizarse en el diseño de experiencias de aprendizaje significativas, la curación de contenidos, la mentorización y su rol en la gestión de grupos y equipos. El diseño de la clase, como la tarea central de la docencia y el docente como diseñador de experiencias de aprendizaje.

Introducción

Desde mediados del siglo XX asistimos al nacimiento de la tecnología digital, y en los inicios del siglo XXI, presenciamos la expansión de las llamadas “nuevas tecnologías” con la consecuente creación de redes sociales y académicas, espacios colaborativos, intercambio en comunidades, seguimiento de hechos y personas en tiempo real.  Las tecnologías han mostrado a través de los siglos cómo las comunidades han resuelto sus problemas cotidianos y han convivido con el mundo, tanto natural como social. Las sociedades han dotado a la tecnología de valores simbólicos relacionados con sus creencias, manejo de espacios de poder, adhesión a ciertas ideologías, transmisión de ideas.

El concepto de Sociedad de la Información hace referencia al uso de las tecnologías para la creación, distribución y gestión de la información con la certeza de que esto contribuye al desarrollo social, económico y cultural de las comunidades.

Sin embargo, ha emergido un nuevo concepto de forma casi paralela, la Sociedad del Conocimiento, que aunque se utiliza frecuentemente como equivalente al anterior, se refiere a la apropiación crítica y selectiva de la información por la ciudadanía con el objeto de generar conocimiento.

Efectivamente, la información por sí misma no es capaz de generar conocimiento, una identificación que procede de las teorías de la información y la cibernética durante la década de los años cuarenta del pasado siglo. Por tanto, mientras que la Sociedad de la Información es una realidad, gracias a la popularización y accesibilidad de las nuevas tecnologías y especialmente de Internet, la Sociedad del Conocimiento es más bien una utopía hacia la que debemos orientar nuestros esfuerzos.

A partir de marzo de 2020 sin dudas las tecnologías han tenido un impacto fundamental en la vida cotidiana, de forma tal de modificar las redes de convivencia, comunicación y conocimiento ¿Qué nos pasó en la escuela?

Cuando los edificios se cerraron pareciera que la condición más alterada fue la del espacio, sin embargo, lo que cambió con mayor fuerza fue el tiempo (Maggio, 2021). Sabemos que la comunicación y la interacción son fundamentales en un modelo educativo presencial, pero lo son aún más en un modelo mediado por tecnología. Por ello, resultó necesario intensificar el acompañamiento docente para poder estar conectados y lograr altos niveles de interactividad en dichos procesos de comunicación: sabemos que el aprendizaje autónomo es también necesario aprender a gestionarlo.

Si quisiéramos tomar un poco de distancia para pensar en estos temas, podemos ver que ya en 1996 el famoso Informe Delors titulado La educación encierra un tesoro[1] dividía los aprendizajes en 4 pilares: aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a convivir y aprender a ser.  Una de las propuestas que comenzó a instalar con fuerza en el ámbito educativo fue la necesidad de comprender estos aspectos fundamentales del aprendizaje, teniendo en cuenta el contexto.

Adicionalmente, existe una mirada ecológica actual del aprendizaje que tiene como particularidad romper los límites espacio-temporales del proceso educativo, y en particular  gracias a las tecnologías digitales. Simultáneamente, se alteran los tradicionales roles educador-educando, puesto que en el contexto de una enseñanza y aprendizaje, no se define de manera inamovible quién enseña y quién aprende.

Desde este enfoque se entiende que los sistemas educativos necesitan, ya no sólo contenidos, sino entornos flexibles que permitan desarrollar las capacidades de autoaprendizaje, creatividad, autonomía, iniciativa y expresión multilenguaje.

Una invitación para seguir pensando la hibridación

Construimos nuestra realidad a partir de imaginarios sociales, construimos un universo imaginario. Toda imagen revela un sistema de representaciones.

En esta imagen de Marc Cote de 1899, se muestra la tecnología como un dispositivo para hacer llegar la información neutra a los sujetos que la reciben. Esta idea de “llenar las cabezas”, de desarrollar tecnologías que ayuden a tener más acceso a la información circula actualmente.

 

La existencia de una tecnología artefactual, visible y tangible en ese entorno imaginado: las mesas de trabajo, los libros, los estudiantes distribuidos homogéneamente en los escritorios, y lo más visible, la máquina que “procesa” lo que se encuentra en los libros y se transmite a través de esos circuitos a las cabezas de los estudiantes que, muy pasivamente, reciben sentados en sus bancos.

En este sentido, la incorporación de tecnología en el aula se entiende por la idea de la incorporación de maquinaria, el imperativo tecnológico se hace presente, la inclusión de tecnología como solución a los problemas de la educación: el solucionismo tecnológico.

Claramente, el modelo pedagógico tradicional está presente en esta imagen. El estudiante en un rol pasivo recibe una información -Sociedad de la Información- por parte de un artefacto. En relación a la organización del aula, puede observarse la clásica distribución de los estudiantes en filas; sin embargo, el docente no aparece en el centro del aula, sino “al mando” de la máquina transmisora de saber, que es quien tendría el rol central en esta escena pedagógica. Es decir, el docente se presenta como el responsable de seleccionar los contenidos a ser transmitidos.

Por qué no pensar el rol del docente desde un enfoque centrado en el proceso de aprendizaje, más que en el proceso de enseñanza. Siguiendo a Hugo Pardo y Cristobal Cobo (2020), la fuerza del rol docente debería focalizarse en el diseño de experiencias de aprendizaje significativas, la curación de contenidos, la mentorización y su rol en la gestión de grupos y equipos. En este sentido, “el diseño de la clase”, es la tarea central de la docencia y el docente como diseñador de experiencias de aprendizaje.

Hacia fines del año 2020, se comenzó a hablar de “superar los modelos híbridos”, de pensar en una 3° capa de toda la metodología. Mariana Maggio nos propuso el concepto de ensamble, el planteo “al mismo tiempo” que haga vivenciar simultáneamente el mundo virtual y el físico: “vivimos en dos mundo a la vez, y los conocimientos se construyen del mismo  modo” (Maggio, 2021:112).

Se abre entonces un profundo interrogante que nos interpela como docentes: ¿Cómo diseñar entonces una clase que suceda al mismo tiempo en los dos mundos?

Retomando a  Pardo y Cobo (2020) en Expandir la Universidad: más allá de la enseñanza remota de emergencia, proponen que, para transformar esta dualidad o doble formación presencial y virtual, será necesario diseñar la experiencia académica como una única línea de tiempo narrativa multimedia expandida, con un inventario de contenidos propios y externos surgidos de una intensa curaduría y ajustados a una secuencia de aprendizaje: poder planificar y definir los vínculos que permitirán enlazar las actividades que se hagan en un entorno con el otro.

Un modelo que permite trabajar el plano virtual y físico al mismo tiempo abre el camino hacia un proceso de transformación digital de la educación que puede ayudar a construir sistemas educativos con mayor calidad, inclusión y flexibilidad.

Volviendo a la imagen de Marc Cote, sin dudas con la incorporación de recursos, plataformas virtuales y herramientas digitales la puesta en marcha de una propuesta de educación en línea es más sencilla, pero no olvidemos que la tecnología digital por sí sola no es sinónimo de innovación y mucho menos la solución absoluta a nuestra tarea docente.


[1] Jacques, D. (1996). La educación encierra un tesoro. Madrid: Santillana-UNESCO.

Referencia:

Pardo Kuklinski, H.; Cobo, C. (2020). Expandir la universidad más allá de la enseñanza remota de emergencia Ideas hacia un modelo híbrido post-pandemia. Outliers School: Barcelona.

Maggio, M. (2021) Educación en Pandemia. Guía de supervivencia para docentes y familias. Editorial Paidós: CABA.

 

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Paola A. Dellepiane
Profesora en Matemática y Licenciada en Tecnología educativa. Especialista en TIC aplicadas a la educación y formación docente.