La profesión docente en tela de juicio. La experiencia de trabajar bajo sospecha.

Dulce María Cabrera Hernández
Leonor Escalante Pla
Laura Pinto Araújo
Benemérita Universidad Autónoma de Puebla 1

Resumen

La declaración de la pandemia por SARSCOV2, el virus causante de COVID19 sacudió la dinámica escolar presencial, la enseñanza y la praxis docente, hasta el grado de llevarnos a un cuestionamiento profundo de nuestra profesión. A partir de una respuesta emergente de nuestros sistemas educativos para dar continuidad a las actividades educativas fuera de la escuela, experimentamos miedo e incertidumbre respecto de los retos inéditos que se presentan. Como el resto de la humanidad, enfrentamos la posibilidad de suspender ciertas prácticas normalizadas que no habían sido objeto de reflexión: ir al supermercado, organizar las actividades domésticas, aprender prácticas de higiene, repensar los lazos afectivos, y perder el contacto con nuestros seres queridos, entre otros.

Un elemento central durante la pandemia ha sido asumir que la humanidad está en duelo, y esa crisis ha tenidos impactos ambientales, sanitarios, económicos y educativos. En medio de este clima tan hostil, con la pérdida de nuestras familias o empleos a cuestas, intentamos encontrar a nuestros estudiantes frente al monitor y queremos decirles “algo “importante”.

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Aprendí que podía seguir aprendiendo ... Mi lucha contra la alienación docente

Marcela Alejandra Quinteros – Carabajal

Se me formó para educar para “saber”; luego aprendí que debía educar para “saber hacer”. Hoy sé que debo educar para “saber hacer lo nuevo” que pueda haber…

¿Qué es aprender? Asociamos aprendizaje con saber y saber con conocimiento. Pero, ¿qué es lo que nos lleva a aprender? Creo que la puerta de entrada al aprendizaje es la curiosidad. La curiosidad innata a todo niño, y que es importante estimular con fines educativos. La curiosidad va de la mano de otra condición sorprendente, como es la imaginación. Mi padre, quizá sin querer, ayudó a que ambas cualidades se potencien en mí desde muy niña. Siempre dejaba en mi mesa de noche un libro. Sólo me decía: “te dejé algo”; y eran libros diversos en género, tamaño y complejidad de lenguaje. Luego me preguntaba qué me había parecido y que le relatara algo que me gustó. Nunca pensé en contradecir su costumbre o negarme a leer lo que me dejaba después de haberlo leído él. Más tarde, me enteré de que tenían un grupo de biblioteca ambulante; y, sin tener idea, también formé parte de ese círculo de lectores de mi ciudad. Algo de lo cual hoy estoy orgullosa.

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