¿Y si también miramos las tomas de decisiones?

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José Luis Castillo.

¿Cómo afrontar el trabajo por competencias y su evaluación? Es complicado, sin duda. Porque se trata de situaciones en las que el alumnado tiene que aplicar aquello que precise del conjunto de capacidades, habilidades, destrezas y actitudes que posee, guiado por emociones y valores, para dar respuesta a situaciones complejas y transferir aprendizajes a diferentes contextos. Y adquirir lo que precise y no tenga.

Uf… Menuda frase… Requiere calma. Lectura y relectura. Porque es densa. Quizá los verbos tras ella nos ayuden.

Para empezar está saber qué se sabe. Repensar todo el bagaje que la persona tiene. Y tratar de mirar lo que precisa, que es donde entra en juego el segundo verbo: elegir. Esto abre toda una gama de acciones posibles. De las cuales solo algunas estarán alineadas con lo que una persona siente que puede y debe hacer. Es el momento de emocionarse y valorar. También importa recordar. Lo que se hizo en otras ocasiones que puedan tener algún tipo de similitud con la actual. Y, por supuesto, es buen momento para aprender. Lo que no se sabía pero se descubre como conveniente.

Realmente este último párrafo es igual que el primero. Pero quizá sea más claro a efectos de evaluación. Porque deja claro que el alumnado se encuentra ante situaciones abiertas ante las que tiene que tomar posiciones, tiene que elegir rumbos. Se enfrenta a muchas respuestas, pero no todo es posible ni todo lo posible vale. Si la situación no fuera abierta, si no se viera el alumnado abocado a tomar decisiones, no se trataría de competencias sino de protocolos que se aplican rutinariamente. La mera ejecución no basta.

Así, la evaluación, cuando se quieren mirar competencias, no está en los productos, en el final del proceso. Está en el proceso. Y, dentro de él, se sitúa tanto en las tomas de decisiones como en la ejecución. La suma de ambos es lo que crea la competencia. Elegir y llevar a cabo.

Una parte importante del trabajo docente es crear escenarios de aprendizaje complejos (pero no complicados), emparentados con la realidad lo más estrechamente posible, ricos en cuanto a la posibilidad de hacer aparecer elementos curriculares. Escenarios para que el alumnado los transite del mejor modo que entienda, y nos lo cuente mientras le acompañamos: mirando mientras orientamos, cuestionamos, sugerimos, respetamos.

Un modo ese, de ser docente, apasionante. Que aporta satisfacción y felicidad a quienes lo desarrollan. Tanta que uno no siente posible, ni deseable, la vuelta hacia atrás. Un modo entre muchos posibles, pero no uno cualquiera, no. Una forma de vivir la docencia muy especial, esta de crear escenarios para atender el desarrollo de competencias por parte del alumnado.

Fuente: https://evaluaccion.es/2016/02/15/y-si-tambien-miramos-las-tomas-de-decisiones/